Los orígenes de la Institución Educativa San Antonio de Padua se remontan al año 1926, cuando el Honorable Consejo Municipal de Timbío, en sesión celebrada el 15 de agosto, decidió destinar el edificio de la antigua Escuela Urbana de Niñas para que fuera administrado por una comunidad religiosa. Esta importante decisión marcó el inicio de un proyecto educativo que transformaría la historia de la educación en el municipio.
Con este propósito, el Consejo Municipal estableció contacto con la Congregación de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada, cuya Superiora General residía en la ciudad de Túquerres. Durante varios años se adelantaron gestiones, intercambios de correspondencia y esfuerzos conjuntos entre las autoridades civiles, eclesiásticas y la comunidad, hasta lograr la consolidación del proyecto educativo.
El 13 de septiembre de 1934, se firmó oficialmente el contrato entre el Municipio de Timbío, representado por el Personero Municipal, y la Reverenda Madre Sor María Caridad Brader, Superiora General de la Congregación, formalizando así la llegada de las Hermanas Franciscanas para asumir la dirección de la institución educativa.
Este logro fue posible gracias al compromiso del Consejo Municipal, el apoyo del Presbítero Marco A. Salazar, párroco de Timbío, así como de otras autoridades municipales y distinguidos ciudadanos, entre ellos los coroneles Estanislao Garzón y Antonio Rivera, y el presbítero Adolfo Sánchez, quienes contribuyeron de manera significativa al fortalecimiento de la educación en el municipio.
En cumplimiento del acuerdo suscrito, las Hermanas Franciscanas arribaron a Timbío en la tarde del 19 de diciembre de 1934. Su llegada fue recibida con entusiasmo por la comunidad, que se congregó en el edificio escolar para brindarles una cálida bienvenida. En representación de la población, del Consejo Municipal y de la niñez timbiana, ofrecieron palabras de bienvenida el Presbítero Marco A. Salazar y el señor Rafael García. Entre las religiosas que iniciaron esta importante misión educativa se encontraban Sor María Esperanza y Sor María Benilda Montoya, junto con otras integrantes de la congregación.
Desde ese mismo 19 de diciembre de 1934, la antigua Escuela Urbana de Niñas, hoy Institución Educativa San Antonio de Padua, quedó bajo la dirección de las Hermanas Franciscanas, quienes consolidaron un modelo educativo basado en la excelencia académica, la formación integral, la disciplina y los valores humanos, principios que continúan orientando el quehacer institucional.
Durante sus más de 90 años de historia, la institución ha evolucionado permanentemente para responder a los desafíos de cada época. Hoy es reconocida por ofrecer una educación de calidad en los niveles de Preescolar, Básica Primaria, Básica Secundaria y Media Técnica, fortaleciendo la formación de niños, niñas y jóvenes mediante ambientes de aprendizaje modernos, aulas STEAM, innovación pedagógica y una educación fundamentada en el lema que la identifica: "Virtud y Saber".
Con orgullo, la Institución Educativa San Antonio de Padua continúa siendo un referente educativo en el municipio de Timbío, Cauca, formando generaciones de ciudadanos íntegros, comprometidos con el conocimiento, los valores y el desarrollo de su comunidad.
Documento elaborado originalmente por Sor María Josefina el 15 de junio de 1945.
La historia de la Institución Educativa San Antonio de Padua constituye un valioso legado para el municipio de Timbío, Cauca, y representa el compromiso permanente con la formación de generaciones de niños, niñas y jóvenes.
El 20 de diciembre de 1934 es una fecha memorable en la historia de la educación timbiana. Ese día llegaron al municipio las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada para asumir la dirección de la entonces Escuela San Antonio, fundada bajo el patronazgo de San Antonio de Padua. Este acontecimiento marcó el inicio de un proyecto educativo basado en la formación académica, los valores humanos y el servicio a la comunidad.
La creación de la institución fue posible gracias al decidido apoyo del Honorable Concejo Municipal de Timbío, integrado por distinguidos ciudadanos como Esteban Martínez, presidente; Emiliano Solano, vicepresidente; Gregorio García, personero municipal; y José Rómulo Muñoz, tesorero. De igual manera, fue fundamental el liderazgo del Presbítero Marco A. Salazar, párroco del municipio, quien impulsó esta importante iniciativa educativa con profundo sentido de compromiso social y visión de futuro.
El 21 de diciembre de 1934, las autoridades municipales posesionaron oficialmente a las primeras religiosas encargadas de la dirección académica de la institución. Sor María Esperanza asumió como Directora y Sor María Benilda como Subdirectora, acompañadas por las docentes Sor María Brígida y Sor María Buenaventura, quienes iniciaron una labor educativa que transformaría la historia del municipio.
El 9 de enero de 1935 comenzaron oficialmente las actividades académicas con una matrícula inicial de 299 estudiantes, quienes asistieron a clases en el edificio construido por el municipio para este propósito. Poco tiempo después, el 2 de febrero, se realizó la ceremonia oficial de inauguración de la escuela con una solemne celebración religiosa que reunió a la comunidad.
Desde sus primeros años, la institución demostró un alto nivel académico. Los exámenes públicos realizados en julio de 1935 evidenciaron excelentes resultados, despertando el reconocimiento y la satisfacción de las autoridades municipales y de las familias timbianas.
A pesar de las limitaciones económicas y de la escasez de mobiliario escolar, la comunidad educativa trabajó con dedicación para fortalecer la institución. Mediante veladas literarias, festivales y actividades culturales se obtuvieron los recursos necesarios para dotar progresivamente las aulas de pupitres y demás elementos indispensables para el aprendizaje.
El crecimiento de la escuela fue constante. Durante los años lectivos 1935-1936 se matricularon 392 estudiantes, cifra que aumentó a 406 durante 1936-1937, consolidando a la institución como uno de los principales centros educativos de la región.
En 1938, la institución fue sede de una importante Semana Pedagógica, organizada por el educador Manuel Mera, en la que participaron directivos y docentes de las escuelas urbanas y rurales de los municipios de Timbío, Sotará y El Tambo. Este encuentro fortaleció los procesos de actualización pedagógica y el intercambio de experiencias educativas.
Ese mismo año, el 29 de junio de 1938, la institución recibió la distinguida visita del entonces Presidente de la República, Eduardo Santos, quien fue recibido con un acto protocolario preparado por las estudiantes y la comunidad educativa, convirtiéndose en uno de los acontecimientos más significativos de la historia institucional.
Durante los años siguientes, la escuela continuó consolidándose gracias a las constantes visitas de inspectores nacionales y departamentales, quienes evaluaban la calidad de la enseñanza y el desempeño de las docentes, contribuyendo al fortalecimiento del sistema educativo.
Además del trabajo académico, la institución promovió permanentemente actividades culturales, deportivas y cívicas. Las celebraciones del Día de la Madre, las veladas literarias, las presentaciones artísticas, las revistas gimnásticas, las excursiones pedagógicas y los homenajes patrióticos se convirtieron en espacios fundamentales para la formación integral de las estudiantes.
Siguiendo las orientaciones del Gobierno Nacional, se institucionalizó también el Homenaje a la Bandera, celebrado el primer lunes de cada mes, fortaleciendo los valores cívicos, el sentido de pertenencia y el amor por Colombia.
Durante esta primera década de funcionamiento, la institución logró consolidar un modelo educativo caracterizado por la disciplina, la excelencia académica, la formación en valores y el compromiso con el desarrollo de la mujer timbiana, sentando las bases del prestigio que hoy distingue a la Institución Educativa San Antonio de Padua.
Actualmente, después de más de 90 años de servicio educativo, la institución continúa evolucionando para responder a los desafíos del siglo XXI. Con una infraestructura moderna, aulas STEAM, recursos tecnológicos y un equipo humano altamente comprometido, mantiene vivo el legado de las Hermanas Franciscanas y reafirma su misión de formar ciudadanos íntegros, innovadores y comprometidos con el desarrollo de su comunidad.